martes, 10 de septiembre de 2019

De una rutina familiar a una pasión.

La gran parte de mi infancia la pase con mi abuelo, en donde las tardes eran con olor a café por toda la casa combinada con el olor del óleo y aceite de linaza, escuchar historias fantásticas y algunas palabras en libanes. Era mi lugar favorito en el mundo.

En ese momento, para mi podía ser un momento más, sin darme cuenta que se convertiría en mi pasión en lo que me dedicaría el resto de mi vida; en el arte. Me leían cuentos infantiles, pero en ocasiones las enciclopedias de arte eran buena opción para pasar el rato.

En ese momento, era lo que mi familia tenía para ofrecerme unas hojas blancas, lápices y goma, para poder dibujar lo que quisiera de cada cuento y luego hacer una pequeña exposición en la sala de la casa.

Conforme fui creciendo, me fui dando cuenta que cada palabra leía y cada dibujo marcarían mi vida, que me harían ser un ser pensante que reflexione y sobre todo sensible al arte, que disfruta el arte y las visitas a los museos.

No con esto quiero decir que los padres o los abuelos deben de hacerlo exactamente como lo hicieron conmigo, sino que  de acuerdo a lo que son y tienen, pueden ofrecerle a sus hijos diversos elementos que les permitirán acceder a información, a conocimientos y sobre todo a crear y establecer metas que les permitirán trabajar por lo que quieren y poder participar de en la sociedad y sobre todo poder brindarle y enseñar algo a través de lo que  van adquiriendo con cada actividad que realizo con los padres, abuelos o familiares. 

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Muy leído

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