jueves, 12 de septiembre de 2019

Una experiencia religiosa

Fui a una escuela catolica y curse de 3-6 de primaria en el colegio Esperanza que se encuentra en el municipio de Santa Ana Chiautempan del estado de TLaxcala Colinda al norte con los municipios de Tlaxcala, Apetatitlán de Antonio Carvajal, Contla de Juan Cuamatzi y San José Teacalco; al este con los municipios de San José Teacalco y San Francisco Tetlanohcan; al sur con los municipios de San Francisco Tetlanohcan y La Magdalena Tlaltelulco; al oeste con los municipios de La Magdalena Tlaltelulco y Tlaxcala. Ocupa el 1.9% de la superficie del estado. Cuenta con 20 localidades y una población total de 63 300 habitantes. 
El echo de estar en una escuela religiosa implicaba relacionar todo lo existente con Dios, según las monjas vivíamos para cristo, con cristo y por cristo, así que dentro de nuestra rutina escolar eran rezar y rezar. A la hora de entrar os formábamos y rezábamos, al terminar el reseco teníamos que rezar para dar gracias por los alimentos, a las 12 del día sonaba el Angelus para rezar entre clases. Nos obligaban a confesarnos una vez al mes ya que cada mes había misa y era obligatorio participar en la comunión como buenos estudiantes cristianos, católicos, apostólicos y romanos; pero a pesar de tener una formación en los valores de Dios era muy contradictoria, porque pedían humildad y humanidad, pero solo aquellos que no estábamos dentro de una clase social alta, ya que la mayoría de os alumnos era hijos de gente con mucho dinero; entonces todos aquellos que no teníamos el mismo nivel socioeconomico, no teníamos ni voz ni voto, los maestros y directivos permitían todo esto. 
Yo tenia un amiga de nombre Matilde, sus padres eran dueños de cobertores "La Paz", así que eran personas muy pudientes. Un día estábamos jugando y pintamos la pared , lo chistoso es que ella no le dijeron absolutamente nada y me echaron toda la culpa a mi. Se armo un problemon porque yo reporte la injusta y al final todos estuvieron de su lado, solo por tener mucho dinero. Miriam Cervantes Gil

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Muy leído

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